La fotografía en blanco y negro me invita a explorar la esencia misma de la luz. Al despojar a la imagen del color, surge una narrativa más íntima, donde las sombras revelan lo que a veces pasa desapercibido.
Este lenguaje atemporal me permite concentrarme en la emoción, la textura y el gesto, creando imágenes que hablan desde la profundidad y perduran más allá de la mirada.